La ciudad nace con la intención del hombre de ordenar su espacio vital. Frente al caos y el desorden de la naturaleza, la ciudad se presenta como un espacio medido y controlado en el que todo está puesto al servicio de la colectividad. El núcleo urbano se entenderá como un lugar de convivencia común en el que el hombre desarrollará su actividad y en el que no sólo se encontrará consigo mismo, sino que será el espacio en el que se propiciará su encuentro con los demás.

Desde la creación de las ciudades en el mundo antiguo, los artistas han colaborado en la configuración de ese nuevo espacio a través de su intervención en el entramado urbano. Históricamente, su relación con la ciudad ha girado en torno a tres ejes fundamentales: la creación de modelos propios de planificación y ordenación urbanas, la concepción del espacio público como un lugar propicio para emplazar y mostrar su propia obra y la integración dentro de su producción artística de motivos, experiencias e imágenes de la vida y la actividad de las ciudades.

Cada época incidió en un modelo diferente de intervención urbana, siendo innumerables los ejemplos de la actividad de los artistas en este medio. La década de 1990 aportó una nueva forma de relación entre los artistas y la ciudad a través del street art o post-grafitti, término bajo el que se agrupa el trabajo de una serie de artistas que, rozando la ilegalidad, encuentran en la calle su medio de expresión. A través de la utilización de plantillas, posters, pegatinas y murales estos creadores integran sus intervenciones seriadas en los espacios urbanos más transitados, intentando ser un elemento de sorpresa para el espectador en su deambular por la ciudad. De este modo, la calle se convierte en un museo cotidiano e improvisado en el que a la expresión artística se unen la denuncia social, la reflexión o la crítica política.

Entre esos artistas encontramos a Shepard Fairey, Bansky, Blek le Rat o Space Invaders, algunos de los cuales han trascendido las fronteras urbanas para acabar introduciéndose en los circuitos artísticos establecidos.

Esta forma de arte urbano ha derivado en la actualidad en una gran multitud de propuestas que van más allá de la seriación y que a través de la utilización de diferentes elementos crean intervenciones artísticas efímeras dentro del espacio público. En nuestro país debemos destacar el trabajo del colectivo multidisciplinar Luzinterruptus que desde 2008 utiliza la luz para destacar problemas que pasan desapercibidos a la ciudadanía y los políticos de Madrid. También el del artista urbano anónimo Spidertag, quien utiliza lana y clavos para crear redes geométricas a través de las calles o de otros artistas como Dosjotas, Neko, Spok, Suso 33 o el artista ilicitano Rosh.

Una muestra del interés de los artistas por la ciudad es la colectiva ALC2 en la que la urbe se entiende como un espacio compartido por los artistas, en este caso Alicante, y como un motivo que en si mismo inspira y da origen a las obras que forman esta exposición. En ella, veinticinco artistas exploran y abordan desde diferentes perfectivas y lenguajes el fenómeno urbano.

Socatoba, nombre artístico de Sonia Carballo, da voz e imagen a través de su obra a personajes olvidados o puestos a un lado por la sociedad industrializada. De esta forma, su producción artística aborda temas de profundo calado social como la prostitución, la enfermedad mental, el maltrato infantil o la violencia física. Estos temas, sacados de la realidad, nos hacen tomar conciencia del otro que sufre para que, humanizándolo, podamos sentirnos identificados con él.

Víctor M. Lòpez Arenas